Obstinación

Cuando nos preguntan qué creemos que significa la palabra obstinación, la mayoría enseguida recordamos a algún conocido que se destaca por su empecinamiento, por mantenerse firme en un argumento que tal vez nos parezca absurdo. Generalmente lo tildamos de “caprichoso”, o terco. Pero la verdad es que se trata de una víctima de la obstinación.

Si consultamos la definición que nos brinda la Real Academia Española, encontramos que la compara con la porfía y la terquedad, de modo que nuestro instinto no está fuera de sintonía.

Pero si buscamos el adjetivo de obstinación, obstinado, nos devuelve una equivalencia con perseverante y tenaz. Y esas no son cualidades precisamente desdeñables. Entonces, la obstinación, ¿es un defecto o una virtud?

Los pros y las contras la obstinación

Hay una frase muy conocida de Friedrich Nietzsche que reza: “toda convicción es una cárcel”. Con ella, el filósofo alemán nos quiere advertir sobre los peligros de tomar nuestras creencias como algo inmutable, que con una simple certeza momentánea hemos alcanzado el pináculo del conocimiento.

Pensar que aquello que creemos cierto es la única verdad posible, que son los demás los que están equivocados. Y, sin embargo, el paso del tiempo, la experiencia acumulada, arroja otra luz sobre esas certezas, transformándolas. Pero, en el camino, hemos perdido amistades y entablado guerras contra molinos imaginarios por aferrarnos obstinadamente a esas cosas que creíamos ciertas. Ese, en esencia, es el aspecto negativo de la obstinación.

Pero, ¿qué hay de los aspectos positivos de la obstinación? ¿Acaso los tiene?

Decíamos más arriba que la obstinación aplicada como adjetivo, alude a la persona perseverante y tenaz, llevando al límite sus convicciones. Es en este concepto que se basa nuestra admiración por nuestros próceres y nuestros héroes.

La expedición que partió del Puerto de Palos en 1492 no habría llegado a las tierras que hoy conforman América si Colón no se hubiera mantenido firme en su obstinación de llegar a las Indias.

O la obstinación de Louis Pasteur en sostener su teoría microbiana que provocó innovaciones que hoy en día nos resultan lógicas, clamando que la higiene y la esterilización eran fundamentales para prevenir enfermedades infecciosas.

Y, por supuesto, Hollywood nos recuerda constantemente que a veces la obstinación puede resultar una virtud.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la película “Hacksaw Ridge” (o, como se llamó en Latinoamérica, “Hasta el último hombre”). En ella, se nos muestra cómo Desmond Doss, que participó en la Segunda Guerra Mundial, se niega a usar armas apoyándose en sus creencias religiosas. La obstinación de Doss en no portar ningún arma no fue un obstáculo para salvar la vida de 75 soldados en la Batalla de Okinawa.

El cine también nos ha mostrado la obstinación de Alan Turing en el film “The Imitation Game” (conocida en Latinoamérica como “El código Enigma”). La tenacidad de Turing, su obstinación en la idea de que la máquina que diseñó sería la clave para romper los mensajes codificados de los nazis, prevaleció y se rompieron las comunicaciones secretas de Hitler.

El gran secreto para saber diferenciar si somos presas de una obstinación positiva o negativa, es analizar nuestras acciones. Ellas nos demostrarán si somos tenaces o simplemente tercos.